sábado, 3 de octubre de 2009

EN PARADERO DESCONOCIDO



A María del Carmen que supo conmover mi alma infantil y que algún día me contará el final de la historia



Sentada junto a María del Carmen, en una improvisada banqueta, sostenía en mi mano izquierda la labor mientras con la derecha perforaba la tela una y otra vez con la hebra roja marcando en la blancura un riachuelo de sangre retorcido. La buena de María del Carmen levantaba la palanca que subía la aguja de la máquina de coser y colocaba cuidadosamente la tela debajo para aplastarla suavemente, luego con los pies sobre el pedal metálico y dando vueltas con la mano a la rueda que giraba la cinta hacía crujir la máquina para repetir nuevamente la operación al minuto siguiente.
La costura y las historias tejían la tarde otoñal. Afuera llovía y los transeúntes se quitaban los zapatos para adentrarse en el río que la calle descendente había formado y mantener su mejor calzado ileso. María del Carmen, una artista con las manos, lograba transformar informes retales de tela en pulcros vestidos cosidos con minuciosidad y esmero, todo aderezado con el don de contar historias que también poseía. Era capaz de dar volumen a sus relatos punteados con la parsimonia propia de los perfeccionistas, logrando capturar mi incipiente atención.
Eran historias de guerra y posguerra en un pueblo del norte, de hambres y soledades, de escaseces y contrastes. Pero, entre todas ellas, había una que por encima de las otras conmovía mi alma.
María del Carmen había nacido en aquel pueblecillo castigado del norte donde una vez el fiero volcán sacando su lengua de fuego había devorado el pueblo de un lengüetazo. Contaba que lo primero que había desaparecido era la calle de mármol construida para uso exclusivo de ricos y poderosos, proclamando así del carácter democrático de la erupción. Y tenía razón, porque los desastres naturales nos demuestran continuamente lo que realmente somos y, en el caso que nos ocupa, todos los habitantes de la villa sintieron por igual al calor de la lava.
Relato a relato iba dibujando en mi mente la estructura de aquel pueblo resurgido del áspero malpaís con sus iglesias, conventos y calles por las que seguí la narración persiguiendo a personajes cada vez más familiares cuyos andares llegué a reconocer. Entre ellos, su padre, el carpintero protagonista de la historia que un día me sacudió el alma.
María del Carmen, la mayor de tres hermanas, estaba muy unida a su padre, un carpintero del pueblo de gran bondad y habilidad en su oficio. Por algún motivo que desconozco, probablemente la acusación de algún infame, el pobre hombre fue apresado durante la Guerra Civil y encerrado en la prisión de Fyffes, una cárcel improvisada en los depósitos de una compañía de exportación de plátanos en Santa Cruz de Tenerife. Recordaba sus visitas de niña de la mano de su madre, sus tristes encuentros y la magia de las cestitas de miga de pan que su padre le regalaba en esas ocasiones.
Desde mi perspectiva podía entender la situación. Esa parte de la historia me recordaba algún cuento en el que el papá desaparece y llega la miseria. Aunque siempre en el vuelco al final presenciaba el emotivo encuentro entre los miembros de la familia y el posterior banquete con perdices.
La historia, sin embargo, se adentraba en el insondable misterio cuando al pobre carpintero le dieron la posibilidad de aspirar a la libertad a cambio de alistarse en la División Azul encargada de apoyar a los alemanes en el frente oriental contra la Unión Soviética. Cansado del horror y la desesperanza, el buen hombre decide alistarse y parte hacia un infierno de muerte y hielo en 1942.
Llegaron cartas, probablemente escritas por otros, con las habituales fórmulas de encabezamiento y despedida, alguna foto de rostros con sonrisas fingidas, descripciones de lugares, algún nombre familiar y la frase: ‘estoy bien, gracias a Dios’. La familia esperaba.
Pasaron meses de soledad a la espera de noticias. Pasaron más meses que, poco a poco, se transformaron en años. A la vuelta de algún compañero, le piden información y se enteran de que el carpintero sigue vivo después de la contienda, que se le vió por última vez en la cuneta de una autopista alemana con un cartel en la mano con la ciudad de destino garabateada en él. Pero la temporal felicidad no logra parar el tiempo que vuelve a llenarse de días, meses, años de soledad.
Llega entonces la comunicación oficial: ‘Se encuentra en paradero desconocido’. María del Carmen repetía la frase tal cual cada vez que le preguntaban por su padre, ‘está en paradero desconocido’. Me lo decía con la tranquilidad y la distancia de los años y yo lo recibía con la inmediatez y vitalidad de la infancia.
Poco sabía yo entonces de adioses, de que las personas se iban pronto, casi sin despedirse, para no volver y no comprendía cómo aquella buena mujer podía seguir colocando la tela bajo la aguja mientras me contaba aquella historia lejana que nunca había encontrado el final.
Yo, en mi mente, organizaba expediciones a lejanos países en su busca. Me proponía devolver a aquella niña de ojos azules aquel padre que con tanto amor le había hecho los humildes regalos en las más precarias condiciones. Lo veía de pie junto a la carretera moviendo el cartel en el aire. ¿A dónde iba? Quizás creó una nueva familia rubia con una nueva mujer y, quién sabe si una nueva identidad, o tal vez cayó, como tantos otros, en suelo desconocido dejando un hueco que sólo se ha cerrado cuando el tiempo se ha encargado de hacer su existencia incompatible con la vida.

Sinkuenta

13 comentarios:

amor y libertad dijo...

cuando leo de la ausencia del padre me conmuevo como padre y como hijo

Alondra dijo...

Un hermoso relato, mi abuela todavía conserva una Singer como la que describes, hoy es un adorno en la vieja casa... La historia, triste, como todas las historias que enfrentan con las armas a hermanos contra hermanos y luego a paises enteros. Siempre pagan justos por pecadores. ¡Malditas guerras!
Saludos afectuosos

teto dijo...

Me ha gustado mucho tu blog... tanto q he decidido hacerme seguidor y dejarte este mensaje y mis mas sinceros deseos de éxito, aprovecho la ocasión para invitarte a visitar mi blog

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Miguel dijo...

Tantos años pasados no han servido para tapar esa herida. Y es que aquellos años de guerra fueron tremendos. Inhumanos. Horribles. Muchas familias fueron rotas por su despliegue mortífero. Pero después muchas se rehicieron, aunque partiendo de cero, e iniciando una nueva vida.

Un abrazo.

tia elsa dijo...

Bellisimo relato, me llego al corazón, besos tía Elsa.

Caperucita dijo...

Conmovedor y tierno, me ha encantado.
Un besazo.

ROSA G.C. dijo...

Muy conmovedor, felicidades
Saludos
Rosa.-

RECOMENZAR dijo...

Científicamente se ha demostrado que son necesarios cinco cumplidos seguidos para borrar las huellas perversas de un insulto. Los que tienen la manía de contradecir siempre al que está delante no gozan de tiempo material para paliar el efecto perverso de su ánimo contradictorBesos van

rocchia blog dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
MA dijo...

Hola me gusta tu blog , un gusto pasar a leerte , te invito a visitar el mio , gracias .Un saludo de MA .

García Francés dijo...

Precisamente estoy escribiendo una novela en la que la guerra y la División Azul son el principio de la historia.

Un saludo, amiga

Martina Alegre dijo...

Bellísimo relato con mucha nsotalgia!

esteban lob dijo...

Hola Mariaisabel:

He estado recorriendo tus blog. Estoy conmovido por tus historias tan llenas de ternura en medio del drama.

Cariños.

Amigos míos

He recibido respuestas muy variadas con respecto a la distancia en tiempo entre entrada y entrada,como no hay dos que coincidan he decidido dejar a criterio de cada uno este tema,de manera que pueden esperar un tiempo entre entrada y entrada si así lo desean o no,como ustedes se sientan más cómodos.
También abrí la posibilidad de etiquetar los post,eso también es a criterio de cada uno.Gracias amigos míos por participar en este blog,cada día los post son más bonitos estoy muy contenta con todo lo que dejamos aquí! y es porque ustedes son geniales y el blog es como ustedes!un abrazo y buen día!